Anoche me volvió a pasar…
Se los voy a contar, y no me digan que Uds. no lo han soñado,
que no lo han pensado o que no lo han imaginado:
Anoche soñé que volaba.
Siempre he pensado que otra de las cosas que nos diferencian de los animales es la capacidad de evitar quedarnos con las ganas de algo y buscar medios para lograrlo.
A ver si me puedo explicar mejor: Si un búfalo corre y se avienta de un acantilado, se cae… y se parte el queso. Si un chango se avienta de un árbol y no hay una liana cerca, se parte el queso. Si un humano se avienta de un avión, se parte el queso… pero a algún otro humano se le va a ocurrir inventar un paracaídas.
Hay sensaciones, que de no haber inventado un artilugio, nunca podríamos experimentar y si las llegáramos a experimentar, sin ése invento, no lo podríamos contar. Una de ésas sensaciones o experiencias es el salto en paracaídas.
Se imaginan lo que es poder “volar”… a lo mejor no llegamos a 33mil piés de altura por nuestros propios medios y necesitamos de un avión, pero una vez allá arriba, se imaginan lo que es sentir el aire a gran velocidad en nuestra cara? Se imaginan el poder abrir los brazos y volar por un momento como Supermán? Ver ése mundo en el que vivimos desde una altura que muy pocos han visto.
Ya en una ocasión me aventé del bungee, y la sensación de libertad al menos por unos segundos fue increíble. Al menos cuando con el impulso de la liga me llevaba a lo más alto y quedaba ahí flotando por medio segundo para después volver a caer… Saltar en paracaídas debe de ser casi lo mismo, con la diferencia de que estaría allá arriba por unos minutos.
Tal vez pronto ese deseo se convierta en realidad…
¿Alguién más se anima?
Piensen así como me dijeron la primera vez que me aventé del bungee:
“Disfrútalo… el viento es tu amigo”.
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Diciembre es el duodécimo y último mes del año en el calendario gregoriano y tiene 31 días. Su nombre deriva de haber sido el décimo mes del calendario romano.